LOS REYES MAGOS

Los Reyes Magos son verdad

Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a
escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus
actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con
miedo, le dijo:
– ¿Papa?
– Sí, hija, cuéntame
– Oye, quiero… que me digas la verdad
– Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido
– Es que… -titubeó Blanca
– Dime, hija, dime.
– Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre de Blanca se quedó mudo, miró a su mujer, intentando
descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro
tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
– Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Blanca le obligó a volver la mirada hacia la niña
y tragando saliva le dijo:
– ¿Y tú qué crees, hija?
– Yo no se, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que
existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
– Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos
pero…
– ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me
habéis engañado!
– No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que
existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de
Blanca .
– Entonces no lo entiendo. papá.

- Siéntate, Blanquita, y escucha esta historia que te voy a contar
porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el
padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.

Blanca se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa
que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para
él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:

– Cuando el Niño Jesus nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados
por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le
llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan
contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor,
dijo:
– ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a
todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
– ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de
hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de
niños como hay en el mundo.
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos
compañeros con cara de alegría, comentó:
– Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque
somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder
recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero
sería tan bonito.
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían
realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía
escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el
Portal:
– Sois muy buenos, queridos Reyes Magos, y os agradezco vuestros
regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme:
¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
– ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas.
Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño
que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos,
pero. no podemos tener tantos pajes., no existen tantos.
– No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino
dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
– ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los
tres Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración.
– Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben
querer mucho a los niños? -preguntó Dios.
– Sí, claro, eso es fundamental – asistieron los tres Reyes.
– Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los
niños?
– Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez
más entusiasmados los tres.
– Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los
niños y los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que
Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
– Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres
Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos
regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos
los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y
de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También
ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se
haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los
niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les
contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades,
los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y,
alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos
todos son más felices.

Cuando el padre de Blanca hubo terminado de contar esta historia, la
niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
– Ahora sí que lo entiendo todo papá.. Y estoy muy contenta de saber
que me queréis y que no me habéis engañado.

Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la
mano mientras decía:
– No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el
año que viene ya guardaré más dinero.

Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres
Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.

MENSAJE DE GEORGE CARLIN

La paradoja de nuestro tiempo es que tenemos edificios mas altos y temperamentos mas reducidos,
carreteras mas anchas y puntos de vista mas estrechos. Gastamos mas pero tenemos menos,
compramos mas pero disfrutamos menos.
Tenemos casas mas grandes y familias mas chicas,
mayores comodidades y menos tiempo.
Tenemos mas grados académicos pero menos sentido común, mayor conocimiento pero menor capacidad de juicio,
mas expertos pero mas problemas,
mejor medicina pero menor bienestar.

Bebemos demasiado, fumamos demasiado, despilfarramos demasiado, reimos muy poco, manejamos muy rápido, nos enojamos demasiado, nos desvelamos demasiado, amanecemos cansados, leemos muy poco, vemos demasiado televisión y oramos muy rara vez.

Hemos multiplicado nuestras posesiones pero reducido nuestros valores. Hablamos demasiado, amamos demasiado poco y odiamos muy frecuentemente.

Hemos aprendido a ganarnos la vida, pero no a vivir.
Añadimos años a nuestras vidas, no vida a nuestros años.
Hemos logrado ir y volver de la luna, pero se nos dificulta cruzar la calle para conocer a un nuevo vecino.
Conquistamos el espacio exterior, pero no el interior.
Hemos hecho grandes cosas, pero no por ello mejores.

Hemos limpiado el aire, pero contaminamos nuestra alma. Conquistamos el átomo, pero no nuestros prejuicios. Escribimos mas pero aprendemos menos. Planeamos mas pero logramos menos. Hemos aprendido a apresurarnos, pero no a esperar. Producimos computadoras que pueden procesar mayor informacion y difundirla, pero nos comunicamos cada vez menos y menos.

Estos son tiempos de comidas rápidas y digestión lenta,
de hombres de gran talla y cortedad de carácter,
de enormes ganancias económicas y relaciones humanas superficiales.
Hoy en día hay dos ingresos pero mas divorcios,
casas mas lujosas pero hogares rotos.
Son tiempos de viajes rápidos, pañales desechables, moral descartable, acostones de una noche, cuerpos obesos, y píldoras que hacen todo, desde alegrar y apaciguar, hasta matar. Son tiempos en que hay mucho en el escaparate y muy poco en la bodega. Tiempos en que la tecnología puede hacerte llegar esta carta, y en que tu puedes elegir compartir estas reflexiones o simplemente borrarlas.

Acuérdate de pasar algún tiempo con tus seres queridos porque ellos no estarán aqui siempre.

Acuérdate de ser amable con quien ahora te admira, porque esa personita crecerá muy pronto y se alejará de ti.

Acuérdate de abrazar a quien tienes cerca porque ese es el único tesoro que puedes dar con el corazón, sin que te cueste ni un centavo.

Acuérdate de decir te amo a tu pareja y a tus seres queridos, pero sobre todo dilo sinceramente. Un beso y un abrazo pueden reparar una herida cuando se dan con toda el alma.

Acuérdate de tomarte de la mano con tu ser querido y atesorar ese momento, porque un día esa persona ya no estará contigo.

Date tiempo para amar y para conversar, y comparte tus mas preciadas ideas.

Y siempre recuerda:

La vida no se mide por el número de veces que tomamos aliento, sino por los extraordinarios momentos que nos lo quitan.

George Carlin.

ANUNCIO DE GESTORIA

Sin lugar a dudas, uno de los aspectos que definen en qué consiste la virtud de la fortaleza es la capacidad de lanzarse con audacia a empresas que merecen la pena. El que se “arruga” ante los obstáculos es débil y no llega a ninguna parte. Cierta gestoría se anunciaba en su publicidad de la siguiente manera: “Las cosas difíciles las resuelve nuestra secretaria en el acto. Para lo muy difícil nos basta con cinco minutos. Con los milagros tardamos un poco más”.

Algo parecido se cuenta de Charles Calonne (1734-1802), el célebre hacendista de Luis XVI. Le indicó la reina María Antonieta que deseaba pedirle un favor, e inmediatamente respondió el ministro:

-Señora, si es posible, la cosa está hecha; si es imposible, se hará.
Toda una galantería.
Publicado por Juan Ramón Domínguez Palacios

EL EQUILIBRISTA

En 1990 un famoso equilibrista tendió una cuerda en lo más alto de las torres gemelas de Nueva York con el fin de pasar caminando sobre ella. Antes dijo a la multitud expectante: -”Me subiré y cruzaré sobre la cuerda, pero necesito que ustedes crean en mí y tengan confianza en que lo voy a lograr”…

– “Claro que sí” – , respondieron todos al mismo tiempo. Subió por el elevador y ayudándose de una vara de equilibrio comenzó a atravesar de un edificio a otro sobre la cuerda floja. Habiendo logrado la hazaña bajó y dijo a la multitud que le aplaudía emocionada: -”Ahora voy a pasar por segunda ocasión, pero sin la ayuda de la vara. Por tanto, más que antes, necesito su confianza y su fe en mí”. El equilibrista subió por el elevador y luego comenzó a cruzar lentamente de un edificio hasta el otro. La gente estaba muda de asombro y aplaudía.

Entonces el equilibrista bajó y en medio de las ovaciones por tercera vez dijo: – “Ahora pasaré por última vez, pero será llevando una carretilla sobre la cuerda… Necesito, más que nunca, que crean y confíen en mí”. La multitud guardaba un tenso silencio. Nadie se atrevía a creer que esto fuera posible… -”Basta que una sola persona confíe en mí y lo haré”-, afirmó el equilibrista. Entonces uno de los que estaba atrás gritó: -”Sí, sí, yo creo en ti; tú puedes. Yo confío en ti…”.

El equilibrista, para certificar su confianza, le retó: -”Si de veras confías en mí, vente conmigo y súbete a la carretilla…”.

Reflexionemos sobre la confianza que depositamos en los demás: familiares, amigos, conocidos. Pensemos en la confianza que tenemos en Dios: ¿Nos subimos a la carretilla que Él conduce? Recordemos las palabras de San Pablo: “Yo se de quién me he fiado”, y renovemos nuestra confianza en Dios.
Publicado por Juan Ramón Domínguez Palacios

¿Y SI LE OFRECIÉRAMOS UN CONTRATO AL PAPA?

Reproduzco un artículo de Leopoldo Abadia (el creador de la teoría “Ninja” para explicar la crisis económica) pues me ha parecido interesante y ameno. No se si debería pedir autorización para insertarlo aquí. Espero no se moleste.

He repetido muchas veces que lo menos importante de esta crisis es lo económico. Que lo económico es consecuencia de la crisis de decencia que se extiende por todo el mundo y a todos los niveles.
Y cuando digo “todos los niveles” quiero decir “todos los niveles”. Porque se ha puesto de moda señalar con el dedo a algunos financieros que han sido unos auténticos bandoleros de Sierra Morena -y lo siguen siendo-, pero corremos el peligro de pensar que siempre el otro es el peor y que yo, humilde trabajador, soy una flor de loto en un lodazal.
Pues mira, no. Flores de loto no hay demasiadas. Y a las que hay, no les va mal, de vez en cuando, un buen lavado y un buen fregado, porque si no, se mustiarán y, como dicen en mi tierra, se pocharán.
Ahora viene el Papa. Está a punto de llegar. Me cae muy bien. Hace unos años, en vida de Juan Pablo II, me encontré al Cardenal Ratzinger paseando por la plaza de San Pedro en Roma. Llevaba un abrigo gris, una boina y alzacuellos. Le paré. Le dije quién era. Por supuesto, no dijo: “¡hombre, Leopoldo!, ¿qué tal la familia?” Se me quedó mirando, un poco sorprendido, y aproveché para darle las gracias por lo que estaba haciendo por el Papa y por la Iglesia. Me sonrió, con una cierta timidez dijo “gracias” y ahí se acabó nuestra conversación.
(Cuando mis hijos cuentan esto, empiezan diciendo: “el día que el Papa habló con mi padre…”. Ya veis que cada uno escribe la historia como le apetece.)
No creo que el Papa traiga mucho equipaje, porque va a estar un par de días. Lo que me importa es lo que trae en la cartera de mano.
Porque he leído su discurso en Westminster Hall, en Londres, donde al principio decían que no era bienvenido y acabaron tomando nota de lo que decía y pidiéndole que hablara más despacio para no perderse nada.
Necesitamos que venga alguien a recordarnos cosas. Ahora, con Google, tenemos todo lo que buscamos, pero como con frecuencia no buscamos lo que hay que buscar, pues no lo encontramos.
Estudié francés en el colegio y, realmente, aprendí poco. Pero lo de “cherchez la femme”, que, seguramente no me lo enseñaron en el colegio, se me quedó grabado. Lo de cherchez la femme quiere decir que, en caso de asesinato, hay que buscar a la señora de quien estaban enamorados el asesino y el asesinado. Ya sé que no es tan simple la cosa, pero va por ahí. Y, por favor, que no me digan que soy machista, que ahora no toca.
Pues sí, tenemos que chercher la femme, que, en este caso, quiere decir que tenemos que removernos por dentro para ver qué ha fallado, o mejor dicho, en qué hemos fallado, o, mejor dicho todavía, en qué seguimos fallando.
Porque estamos fallando estrepitosamente. Pero todos. También los de mi partido y los de mi pueblo. Todos.
Necesitamos que el Papa nos recuerde:
1. Que somos personas, no animalicos.
2. Que como no somos animalicos, es bueno:
a. Dominar nuestros instintos.
b. Enseñar a nuestros hijos a dominar los suyos, que, curiosamente, son como los nuestros.
3. Que es bueno no mentir, porque si mentimos, engañamos a alguien. Pero como, a la vez, hay alguien que nos engaña a nosotros, se establece eso del círculo vicioso, que quiere decir que cuanta más gente interviene en algo, más gente miente y así no se puede seguir.
4. Que es bueno que pensemos en los demás, pero no un ratico, sino constantemente. Y como ahora estamos con lo de la globalización, los demás son:
a. Los de mi familia, que, como los tengo cerca son los que con más frecuencia me fastidian.
b. Los de la familia de mi vecino de arriba, que, en cuanto pueden, riegan las macetas y me mojan.
c. Los de mi equipo de fútbol, que somos los mejores y a los que no me cuesta nada quererles, primero porque les veo muy poco, y segundo, porque cuando cantamos juntos el himno de nuestro club, se nos saltan las lágrimas y eso une mucho.
d. Los del otro equipo de fútbol, compendio de todos los males y de nuestros odios ancestrales, al que una vez le metimos no sé cuántos goles y aún lo celebramos.
e. Los que no son de nuestro pueblo y hablan en un idioma que no es el nuestro.
f. Los que no son españoles, que hablan más raro todavía y que van a lo suyo. No como nosotros, que somos el colmo del desprendimiento y de la generosidad.
g. Los que lo pasan muy mal, pero que muy mal. Ese señor que duerme dentro de un cajero puede ser que sea un sinvergüenza, pero es una persona que seguro que preferiría dormir en el Ritz de París.
h. Los que lo pasan muy mal muy mal, porque unos cuantos en su país han decidido que hay que odiar a otros cuantos y les han metido en una guerra y se les quedan los suministros y los matan de hambre.
i. Podría seguir con la i, la j y así hasta la z, y pasar después al alfabeto griego.
Necesitamos que nos digan cosas así. Y que nos toquen el corazón. Y que nos demos cuenta de que es bueno que no durmamos pensando en los demás. El otro día, mi amigo Juan Luis me hablaba con ilusión de lo que está haciendo en Sri Lanka y en Nicaragua y pensé: “este lo ha entendido”.
Siempre digo que llevamos un manual de instrucciones dentro, que nos lo puso el que nos fabricó. Y que no me cuenten lo del big bang, porque a mí, el big bang no me puso nada dentro.
Ese manual de instrucciones que me puso Dios no es un manual de prohibiciones. Me dice que seré más persona:
1. Si no robo.
2. Si no mato (y aquí incluyo a tantos niños que se están tirando físicamente a la basura y a tantos embrioncitos que podían ser ingenieros el día de mañana, pero que algunos prefieren que no lo sean).
3. Si no me dedico a corromper a los niños, porque corromper es enseñarles que lo malo es bueno y lo bueno, malo.
Comprendo que haya personas a las que no les haga ilusión que venga el Papa. Porque, a veces, es molesto que venga un señor y que nos diga que estamos haciendo el besugo. ¡Nosotros, que éramos tan listos y tan guapos!
Pues sí, que venga. Y que hable. Y que los periódicos recojan lo que diga y no unos comentarios de un periodistilla que no acabó primer curso de carrera, pero que ahora se dedica a pontificar (nunca mejor dicho). Y que las teles nos lo pongan. No estoy diciendo que sólo pongan eso, que también tenemos que descansar, porque, a poco que el Papa apriete y a poco honrados que seamos, más de uno nos vamos a poner colorados.
Hace falta que venga el Papa. Mucha falta. Pero no sólo lo necesitamos los católicos, sino todos. Porque todos necesitamos que nos recuerden las cosas buenas que nos enseñaron nuestros abuelos y nuestros padres, que como nos hemos vuelto modernos, las hemos olvidado, o, por o menos, tienen encima una importante capa de polvo.
¡Santidad, quite el polvo, por favor! O mejor dicho, ayúdenos a que lo quitemos nosotros, porque ésta es una labor individual, que para algo somos personas maduras. Un poco distraidillas, pero maduras. Santidad, usted, a soplar el polvo, para que empiece a brillar lo bueno que llevamos dentro. Ya nos ocuparemos nosotros de que no vuelva a perder el brillo.

P.S.
1. Resulta que, además, la venida del Papa es un buen negocio. Dicen que en Barcelona, nos cuesta 1,8 millones de euros y que se calcula que dejará 30 millones.
2. No sé si sería posible ofrecerle un contrato para que viniera todas las semanas. Le pagaríamos el billete de avión en business, le llevaríamos a un buen hotel (me parece que el Palacio Arzobispal no es un ejemplo de lujo asiático) y daríamos a Caritas los euros que él dijera. Y al día, siguiente, a casa.
3. Yo era pariente de un Cardenal, pero se murió y no tengo acceso a la Santa Sede. Pero alguien tendrá acceso y podría hacer la gestión.

EL GRANO DE CAFÉ

Una hija se quejaba con su padre acerca de la vida y se lamentaba de que las cosas no le salían bien. No sabía como hacer para seguir adelante pues sentía desfallecer y se iba a dar por vencida. Estaba cansada de luchar y luchar, sin obtener ningún resultado.
Su padre, un chef de cocina, la llevó al lugar de trabajo. Allí tomó tres ollas con agua y las colocó en el fuego. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir. Sin decir una palabra, solo miraba y le sonreía a su hija mientras esperaba. La hija esperó impacientemente, preguntándose que estaría haciendo su padre.
A los 20 minutos el padre apagó el fuego. Sacó los huevos y los colocó en un recipiente, sacó las zanahorias y las puso en un plato y finalmente, colocó el café en un tazón. Mirando a su hija le dijo:
Querida ¿Qué ves?
“Huevos, zanahorias y café” fue su respuesta.
La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias, ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera, después de quitarle la cáscara, observó que el huevo estaba duro. Luego le pidió que probara el café, ella sonrió mientras disfrutaba de una exquisita taza de la deliciosa bebida.
Sorprendida e intrigada la hija preguntó: ¿Qué significa todo esto, padre? Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: ¡agua hirviendo! Sólo que habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había hecho blanda y fácil de deshacer. Los huevos habían llegado al agua frágiles, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en el agua hirviendo, se había endurecido. Los granos de café, sin embargo eran únicos: después de estar en agua hirviendo, habían cambiado el agua.
¿Cuál de los tres elementos eres tú?
Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿Cómo respondes? Le preguntó a su hija.
¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero cuando la fatalidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?
¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable, con un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación o un despido se ha vuelto duro e inflexible? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargada y rígida, con un espíritu y un corazón endurecido?
¿O eres un grano de café? El café cambia al agua hirviendo, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto máximo de ebullición el café alcanza su mejor sabor y aroma.
Ojalá logres ser como el grano de café, que cuando las cosas se pongan mal, tú puedas reaccionar en forma positiva, sin dejarte vencer por las circunstancias y hagas que las cosas a tu alrededor ¡mejoren!
Que ante la adversidad exista siempre una luz que ilumine tu camino y el todas las personas que te rodea. Que puedas siempre esparcir e irradiar con tu fuerza, optimismo y alegría el “dulce aroma del café” Para que nunca pierdas ese olor grato e inagotablemente que solo tú sabes transmitir a los demás.

DÉJAME DORMIR, MAMÁ

DÉJAME DORMIR, MAMÁ
>
> Hijo mío, por favor,
> de tu blando lecho salta.
> Déjame dormir, mamá,
> que no hace ninguna falta..
>
> Hijo mío, por favor,
> levántate y desayuna.
> Déjame dormir, mamá,
> que no hace falta ninguna.
>
> Hijo mío, por favor,
> que traigo el café con leche.
> Mamá, deja que en las sábanas
> un rato más aproveche..
>
> Hijo mío, por favor,
> que España entera se afana.
> ¡Que no! ¡Que no me levanto
> porque no me da la gana!
>
> Hijo mío, por favor,
> que el sol está ya en lo alto.
> Déjame dormir, mamá,
> no pasa nada si falto.
>
> Hijo mío, por favor,
> que es la hora del almuerzo.
> Déjame, que levantarme
> me supone mucho esfuerzo.
>
> Hijo mío, por favor,
> van a llamarte haragán.
> Déjame, mamá, que nunca
> me ha importado el qué dirán.
>
> Hijo mío, por favor,
> ¿y si tu jefe se enfada?
> Que no, mamá, déjame,
> que no me va pasar nada.
>
> Hijo mío, por favor,
> que ya has dormido en exceso..
> Déjame, mamá, que soy
> diputado del Congreso
> y si falto a las sesiones
> ni se advierte ni se nota.
> Solamente necesito
> acudir cuando se vota,
> que los diputados somos
> ovejitas de un rebaño
> para votar lo que digan
> y dormir en el escaño.
> En serio, mamita mía,
> yo no sé por qué te inquietas
> si por ser culiparlante
> cobro mi sueldo y mis dietas.
> Lo único que preciso,
> de verdad, mamá, no insistas,
> es conseguir otra vez
> que me pongan en las listas.
> Hacer la pelota al líder,
> ser sumiso, ser amable
> Y aplaudirle, por supuesto,
> cuando en la tribuna hable.
> Y es que ser parlamentario
> fatiga mucho y amuerma.
> Por eso estoy tan molido.
> ¡Déjame, mamá, que duerma!
>
> Bueno, te dejo, hijo mío.
> Perdóname, lo lamento.
> ¡Yo no sabía el estrés
> que produce el Parlamento!

Dicen que fue escrito por Fray Junípero, en el siglo XVIII

EL MANTEL

El nuevo Sacerdote, recién asignado para reabrir una iglesia en los suburbios
de Brooklyn, New York, llegó a comienzos de octubre entusiasmado con su primera oportunidad.
Cuando llegó a la iglesia se encontró con que estaba en pésimas condiciones y requería de mucho trabajo de reparación.
Se fijó la meta de tener todo listo a tiempo para la Nochebuena. Trabajó arduamente, reparando los bancos, revocando las paredes, pintando, etc., y para el 18 de diciembre ya había concluido con casi todos los trabajos, adelantándose a la meta trazada.
El 19 de diciembre cayó una terrible tempestad que azotó el área por dos días completos. El día 21 el sacerdote fue a ver la iglesia. Su corazón se contrajo cuando vio que el agua se había filtrado a través del techo, causando que una área considerable del revoque, de unos 20 por 8 pies había caído de la pared frontal
del santuario, exactamente detrás del púlpito, dejando un hueco que empezaba como a la altura de la cabeza. El sacerdote limpió el desastre en el piso, y no sabiendo que mas hacer sino posponer el servicio de Nochebuena, salió para su casa.
En el camino notó que una tienda local estaba llevando a cabo una venta del tipo “mercado de pulgas”, con fines caritativos, y decidió entrar. Uno de los artículos era un hermoso mantel hecho a mano, color hueso, con un trabajo exquisito de aplicaciones, bellos colores y una cruz bordada en el centro. Era justamente el tamaño adecuado para cubrir el hueco en la pared dañada. Lo compró y regresó a la iglesia.
Ya para ese entonces había comenzado a nevar. Una mujer mayor iba corriendo
desde la dirección opuesta tratando de alcanzar el autobús, pero finalmente
lo perdió. El sacerdote la invitó a esperar en la iglesia, donde había calefacción,
por el próximo autobús que tardaría 45 minutos más en llegar. La señora se sentó en el banco sin prestar atención al sacerdote, mientras este buscaba una escalera, ganchos, etc., para colocar el mantel como tapiz en la pared. El sacerdote apenas podía creer lo hermoso que lucía y como cubría todo el área de problema.
Entonces el miró a la mujer que venía caminando hacia donde él se encontraba. Su cara estaba blanca como una hoja de papel.
- “Padre, ¿Dónde consiguió usted ese mantel?”
El padre le explicó. La mujer le pidió revisar la esquina inferior derecha para ver si las iniciales EGB aparecían bordadas allí. Si estaban… Estas eran las iniciales de la mujer y ella había hecho ese mantel 35 años atrás, en Austria. La mujer apenas podía creerlo cuando el padre le contó como acababa de obtener el mantel.
La mujer le explicó que antes de la guerra ella y su esposo tenían una posición económica holgada en Austria. Cuando los Nazis llegaron, la forzaron a irse. Su esposo debía seguirla la semana siguiente. Ella fue capturada, enviada a prisión y nunca volvió a saber de su esposo, ni de su hogar.
El padre la llevó en el coche hasta su casa y ofreció regalarle el mantel, pero ella lo rechazó diciéndole que era lo menos que podía hacer después de la amabilidad que él había tenido con ella. Se sentía muy agradecida pues vivía al otro lado de Staten Island y solamente estaba en Brooklyn por el día para un trabajo de limpieza
de una casa.
Que maravilloso fue el oficio de la Nochebuena! La iglesia estaba casi llena. La música y el espíritu que reinaban eran increíbles. Al final del servicio, el sacerdote despidió a todos en la puerta y muchos expresaron que volverían. Un hombre mayor, que el pastor reconoció del vecindario, seguía sentado en uno de los bancos mirando hacia el frente, y el padre se preguntaba porque no se iba.
El hombre le preguntó donde había obtenido ese mantel que estaba en la pared del frente, porque era idéntico al que su esposa había hecho años atrás en Austria
antes de la guerra y cómo podía haber dos manteles tan idénticos?
El le relató al padre como llegaron los Nazis y como el forzó a su esposa a irse, para la seguridad de ella, y como el estaba dispuesto a seguirla, pero había sido arrestado y enviado a prisión. Nunca volvió a ver a su esposa ni su hogar en todos aquellos 35 años.
El pastor le preguntó si le permitiría llevarlo con él a dar una vuelta.

Se dirigieron en el auto hacia Staten Island, parando en la misma casa donde el padre había llevado a la mujer tres días antes. Ayudó al hombre a subir los tres pisos de la escalera que conducía al departamento de la mujer. Tocó en la puerta y presenció la más bella reunión de Navidad que pudo haber imaginado.
Una historia real – ofrecida por el Padre Rob Reid, – quien dice que Dios trabaja
en forma silenciosa.

UNA HISTORIA REAL

Su nombre era Fleming, y era un granjero escocés pobre.
Un día, mientras intentaba ganarse la vida para su familia, oyó un lamento pidiendo ayuda que provenía de un pantano cercano.
Dejó caer sus herramientas y corrió al pantano. Allí, encontró hasta la cintura en el estiércol húmedo y negro a un muchacho aterrado, gritando y esforzándose por liberarse.
El granjero Fleming salvó al muchacho de lo que podría ser una lenta y espantosa muerte.

Al día siguiente, llegó un carruaje elegante a la granja. Un noble, elegantemente vestido, salió y se presentó como el padre del muchacho al que el granjero Fleming había ayudado.
- “Yo quiero recompensarlo”, dijo el noble. “Usted salvó la vida de mi hijo”.
- “No, yo no puedo aceptar un pago por lo que hice”, contestó el granjero escocés.
En ese momento, el hijo del granjero vino a la puerta de la cabaña.
- “¿Es su hijo?” preguntó el noble.
- “Sí”, contestó el granjero orgullosamente.
- “Le propongo hacer un trato. Permítame proporcionarle a su hijo el mismo nivel de educación que mi hijo disfrutará. Si el muchacho se parece a su padre, no dudo que crecerá hasta convertirse en el hombre del que nosotros dos estaremos orgullosos”.
Y el granjero aceptó.

El hijo del granjero Fleming asistióa las mejores escuelas y, al tiempo, se graduó en la Escuela Médica del St. Mary’s Hospital en Londres.
Siguió hasta darse a conocer en el mundo como el renombrado Dr. Alexander Fleming, el descubridor de la Penicilina.

Años después, el hijo del mismo noble que fue salvado del Pantano estaba enfermo de pulmonía.

Qué salvo su vida esta vez? …. La penicilina.

¿El nombre del noble? Sir Randolph Churchill.
¿El nombre de su hijo? ! Sir Winston Churchill.

UN ERROR EN EL CIELO

Cierta vez, le pregunté a Ramesh, uno de mis maestros de la India:
- ¿Por qué existen personas que salen fácilmente de los problemas más complicados, mientras que otras sufren por problemas muy pequeños, muriendo ahogadas en un vaso de agua?
El simplemente sonrió y me contó esta historia…

Era un sujeto que vivió amorosamente toda su vida. Cuando murió, todo el mundo dijo que se iría al cielo. Un hombre bondadoso como él solamente podría ir al Paraíso.
Ir al cielo no era tan importante para aquel hombre, pero igual el fue para allá. En esa época, el cielo todavía no había tenido un programa de calidad total. La recepción no funcionaba muy bien. La chica que lo recibió dió una mirada rápida a las fichas que tenía sobre el mostrador, y como no vio el nombre de él en la lista, lo orientó para ir al Infierno.
En el Infierno, Ud. Sabe cómo es. Nadie exige credencial o invitación, cualquiera que llega es invitado a entrar. El sujeto entró allí y se quedó.

Algunos días despues, Lucifer llegó furioso a las puertas del Paraíso para pedirle explicaciones a San Pedro:
- Esto es sabotaje! Nunca imaginé que fuese capaz de una bajeza semejante. Eso que Ud. está haciendo es puro terrorismo!

Sin saber el motivo de tanta furia, San Pedro preguntó, sorprendido, de qué se trataba. Lucifer, transtornado, gritó:
- Ud. mandó a ese sujeto al Infierno y él está haciendo un verdadero desastre allí. El llegó escuchando a las personas, mirándolas a los ojos, conversando con ellas. Eso que Ud. está haciendo es puro terrorismo! Ahora, está todo el mundo dialogando, abrazándose, besándose. El Infierno está insoportable, parece el Paraíso!. Pedro, por favor, agarre a ese sujeto y tráigalo para acá!”

Cuando Ramesh terminó de contar esta história me miró cariñosamente y dijo:
- Vive con tanto amor en el corazón, que si por error, fueses a parar el Infierno, el propio demonio te lleve de vuelta al Paraiso.